Un video que circuló recientemente muestra al senador Gerardo Fernández Noroña, de viaje en Roma, recibiendo una pregunta directa sobre por qué se encontraba en Italia. La respuesta no fue diálogo, sino un manotazo a la persona que lo cuestionó.
A Noroña le gusta viajar y se le ha visto en distintas partes del mundo en repetidas ocasiones. El turismo internacional es más propio del estilo de vida de las clases altas que del llamado “proletariado”, al que, según palabras del propio senador, él pertenece. En México, incluso viaja en aviones privados, cuyo uso no ha logrado justificar ante la opinión pública.
Cuando un político predica austeridad, la ciudadanía espera que esa filosofía se refleje en su propio comportamiento, el cual es exigido por la presidenta de su partido, Luisa María Alcalde, y por la propia presidenta de México, líder de su movimiento político, quien, simbólicamente, pasó parte de las festividades decembrinas en Acapulco, no en una capital europea.
El senador debe entender que, como servidor público y figura de un movimiento que abandera la lucha contra la desigualdad, su estilo de vida está bajo la lupa. No basta con decir que tiene "derecho" a viajar. Tiene la obligación de explicar con claridad cómo financia sus viajes, si lo hace con recursos propios, de dónde provienen y por qué ha optado por un estilo de vida que aparenta lujo.
Este hecho no sólo levanta cuestionamientos sobre su estilo de vida, sino también sobre su reiterado uso de la violencia. En esta ocasión, además de sus acostumbrados ataques verbales, recurrió a la violencia física. Lo hace porque puede, porque no hay sanciones ni del Senado ni de Morena contra sus agresiones ni contradicciones morales y políticas.
A Noroña le gusta viajar y se le ha visto en distintas partes del mundo en repetidas ocasiones. El turismo internacional es más propio del estilo de vida de las clases altas que del llamado “proletariado”, al que, según palabras del propio senador, él pertenece. En México, incluso viaja en aviones privados, cuyo uso no ha logrado justificar ante la opinión pública.
Cuando un político predica austeridad, la ciudadanía espera que esa filosofía se refleje en su propio comportamiento, el cual es exigido por la presidenta de su partido, Luisa María Alcalde, y por la propia presidenta de México, líder de su movimiento político, quien, simbólicamente, pasó parte de las festividades decembrinas en Acapulco, no en una capital europea.
El senador debe entender que, como servidor público y figura de un movimiento que abandera la lucha contra la desigualdad, su estilo de vida está bajo la lupa. No basta con decir que tiene "derecho" a viajar. Tiene la obligación de explicar con claridad cómo financia sus viajes, si lo hace con recursos propios, de dónde provienen y por qué ha optado por un estilo de vida que aparenta lujo.
Este hecho no sólo levanta cuestionamientos sobre su estilo de vida, sino también sobre su reiterado uso de la violencia. En esta ocasión, además de sus acostumbrados ataques verbales, recurrió a la violencia física. Lo hace porque puede, porque no hay sanciones ni del Senado ni de Morena contra sus agresiones ni contradicciones morales y políticas.