El tablero global cambió radicalmente y las antiguas reglas multilaterales perdieron su vigencia. Ante el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, México enfrenta el desafío de diseñar una estrategia audaz para los próximos cincuenta años. En foros internacionales como Davos, se debate sobre la urgencia de que la nación fortalezca su capacidad de aguante frente a presiones externas.
La actual dependencia económica hacia el vecino del norte constituye la vulnerabilidad más crítica. Actualmente, el país posee apenas cinco días de reservas de gas natural, lo cual otorga a Washington un poder de asfixia casi inmediato si decidiera cerrar el suministro. Para contrarrestar este riesgo, se sugiere una reforma profunda que permita abrir el mercado energético interno. Es necesario defender la soberanía nacional abriendo el mercado energético y producir gas propio aprovechando las cuencas compartidas con Estados Unidos.
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum impulsa el denominado "Plan México", cuyo objetivo estratégico busca reducir la subordinación económica. Sin embargo, este proyecto enfrenta un obstáculo financiero severo. El plan no ha logrado lo más importante para que jale y es que haya suficiente inversión privada para que eso funcione. Sin capital externo y nacional fluyendo hacia la infraestructura, la intención de sustituir importaciones permanece estancada.
La redefinición de la soberanía nacional resulta vital. Ya no basta con invocar tratados internacionales o normas diplomáticas que otros países deciden ignorar. Ahora, la verdadera autonomía reside en la fortaleza interna. La soberanía de México tiene que ver con su capacidad de resistir presión. Bajo esta premisa, el país debe diversificar urgentemente sus destinos de exportación y buscar aliados estratégicos en potencias medias como Brasil, Sudáfrica o incluso España.
México requiere conformar un equipo de prospectiva que imagine escenarios antes impensables para anticipar los embates comerciales. El mundo actual invita a explorar alternativas y de una presencia diplomática que mire más allá de la frontera norte.
La solución para lidiar con las amenazas de Trump no se encuentra fuera, sino atendiendo las restricciones y debilidades domésticas que impiden el crecimiento. El éxito dependerá de la habilidad para atraer inversiones mientras se construye un escudo energético y comercial sólido. Si México logra coordinarse con otras potencias medias, su posición negociadora dejará de ser débil para convertirse en un actor resiliente en un siglo XXI marcado por la incertidumbre.
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