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El fin del subsidio a la gasolina: ¿es una buena decisión económica?

El gobierno de México ha anunciado el retiro del subsidio a las gasolinas (estímulo al IEPS), una medida que genera tensiones, que, en teoría, busca sanear las finanzas públicas. 

A partir del 1 de enero de 2026, los consumidores asumirán la totalidad del IEPS en los combustibles. El estímulo fiscal será de 0% para la gasolina Premium y el diésel. Sin embargo, mediante acuerdos con gasolineros, se mantendrá el mismo precio para la Magna. 

Desde una perspectiva recaudatoria, el subsidio es ineficiente. Datos del INEGI y de la SHCP han demostrado históricamente que este beneficio es regresivo: el 20% más rico de la población consume la mayor parte del combustible. Mantener la gasolina barata implica que el Estado deja de recibir recursos que podrían destinarse a otros rubros, para financiar, indirectamente, los tanques de quienes tienen mayor capacidad de pago.

No obstante, el riesgo principal es el efecto inflacionario. La gasolina es un insumo transversal. Si sube el combustible, sube el costo de la distribución de alimentos y el precio del transporte público. Esto afecta desproporcionadamente a los deciles más bajos, quienes, aunque no tengan auto, terminan pagando una canasta básica más costosa.

La clave del éxito para esta medida no está en el retiro del subsidio en sí mismo. Eliminar subsidios a combustibles fósiles puede beneficiar a las mayorías sólo si se acompaña de políticas para contener la inflación y si se ofrece transporte público de calidad. Además, tendrá que revisarse con lupa la manera en la que el gobierno decida gastar este ingreso adicional con el que contará.