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Honestidad en aduanas: ¿sólo buenos deseos?

En la inauguración de las nuevas instalaciones de la Agencia Nacional de Aduanas de México en Nuevo Laredo, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó el crecimiento de la recaudación aduanera, que entre 2024 y 2025 aumentó 25%, de un billón a 1.25 billones de pesos, y aspira a alcanzar 1.5 billones en 2026 gracias a la modernización de procesos y mayor eficiencia. Dijo que este avance “no se hubiera logrado sin la honestidad” del personal que opera las aduanas y sin trabajo coordinado de las autoridades.

Estas declaraciones chocan con las prácticas irregulares documentadas durante el año pasado. Un ejemplo más claro es la extensa red de huachicol fiscal —contrabando de combustible que evita el pago de impuestos— que involucra a altos mandos de la Secretaría de Marina y a empresarios, con órdenes de aprehensión contra oficiales como Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna, sobrinos del entonces secretario de Marina, Rafael Ojeda.

La evasión, el fraude aduanero y las prácticas ilícitas afectan directamente la recaudación, distorsionan la competencia y erosionan la confianza pública. Y combatirlos requiere algo más que declaraciones de buen ánimo.

Entre las medidas que México necesita con urgencia están, por ejemplo, auditorías externas permanentes con participación ciudadana independiente, la publicación abierta y detallada de procesos y resultados aduaneros, sanciones efectivas para funcionarios implicados en corrupción y sistemas tecnológicos que reduzcan la discrecionalidad humana. También son necesarias reformas legales que fortalezcan la supervisión y mecanismos de denuncia protegidos para personal y usuarios del comercio exterior.

Los deseos de honestidad no combaten la corrupción. Se requieren instituciones sólidas, reglas claras, vigilancia permanente y el cumplimiento de la ley.