La detención de César Alejandro Sepúlveda Arellano, alias “El Botox”, es una señal importante en la estrategia de seguridad del gobierno federal. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, confirmó que el presunto líder del grupo criminal Los Blancos de Troya fue apresado en Michoacán en un operativo conjunto de fuerzas federales y estatales tras ser identificado como uno de los principales generadores de violencia en la región.
A “El Botox” se le imputa, entre otros delitos, extorsión sistemática a productores agrícolas y el homicidio del líder limonero Bernardo Bravo, crimen que conmocionó al Valle de Apatzingán y al país en octubre de 2025. Su captura fue resultado de una acción coordinada entre la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina, la Secretaría de Seguridad, la Fiscalía de Michoacán y autoridades estatales.
Sin duda, es positivo que las autoridades detengan a presuntos responsables de violencia y extorsión. La aprehensión de líderes criminales da señales de acción y coordinación institucional y puede ser necesaria para la impartición de justicia. Pero es necesario subrayar que la captura de un capo no resuelve el problema de fondo.
La experiencia de décadas en México muestra que cuando se detiene a un líder criminal, las estructuras delictivas pueden fracturarse, dando lugar a células más pequeñas y, en muchos casos, a un aumento de incidentes violentos mientras se reorganizan. La extorsión, que golpea directamente a agricultores y pequeños empresarios, no se detiene automáticamente con una captura, sino que requiere políticas integrales de seguridad, justicia eficaz y apoyo al desarrollo económico local.
La verdadera medida del éxito será la reducción sostenida de la extorsión y la violencia en el día a día de la gente que vive y trabaja en Michoacán.