En días recientes, legisladores de Morena arremetieron públicamente contra la Universidad Nacional Autónoma de México por la publicación de un libro titulado “La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión”, editado por la propia UNAM y su Instituto de Investigaciones Jurídicas. Algunos morenistas destacados consideraron que la obra hace propaganda política en contra de su partido y exigieron saber el costo de producción, cuánto se pagó a los autores y los salarios de quienes participaron, especialmente de Lorenzo Córdova, investigador de la Universidad Nacional.
El vicepresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez, acusó que en la UNAM hay académicos que solo «investigan cosas contra Morena». Su correligionaria Gabriela Jiménez incluso afirmó que la Máxima Casa de Estudios debería dejar de servir como «espacio de propaganda política».
Más allá de las diferencias de interpretación sobre el contenido del libro, estas reacciones son preocupantes por lo que implican en términos de libertad de pensamiento y de expresión. La UNAM es una institución con autonomía universitaria, un principio constitucional que protege no solo su gestión académica y administrativa, sino también la libertad de sus investigadores para producir conocimiento y análisis críticos, incluso sobre temas sensibles como la conformación del Congreso. Atacar una publicación por su contenido intelectual equivale a hostigar a quienes investigan y debaten ideas, lo que va más allá de la crítica política y entra en el terreno de la intolerancia.
Esto no es un debate sobre un libro específico, sino sobre el papel de la academia en una sociedad democrática. Las universidades deben ser espacios donde se examinen, con rigor y sin temor, las estructuras políticas y sus implicaciones. Criticar un libro académico equivale a señalar que solo se toleran interpretaciones que favorecen a ciertos actores políticos, lo que es incompatible con un ambiente de libertad académica y pluralidad de pensamiento.
Si Morena considera que la publicación es errónea o parcial, el camino es el debate académico informado, no lanzar ataques intimidatorios. La 4T ya tiene el antecedente de haber dañado la libertad académica y administrativa de una prominente institución de educación superior, al imponer a un director afín en el Centro de Investigación y Docencia Económicas, el CIDE. ¿Pretenderán ahora ir tras la UNAM?