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Noroña volando alto... y cómodo

El viaje del senador morenista Gerardo Fernández Noroña a Roma no sólo incluyó el ataque físico y verbal a una persona que cuestionó su visita a Italia. También incluía boletos de primera clase. El pasado 6 de enero fue captado viajando en la cabina Premier One de Aeroméxico, un espacio con asientos que se reclinan hasta convertirse en cama y servicios exclusivos, lo que podría pensarse que es un lujo innecesario para un legislador que predica austeridad.

Ante las críticas, Noroña replicó que “no existe la primera clase” en rutas entre Europa y México y que su viaje no merece respuesta de quienes, dijo, solo buscan distraerlo de temas “fundamentales”. Su defensa técnica de la categoría de vuelo, y su rechazo a abordar la crítica pública, no resuelven el asunto.

El problema no es si se llama o no “primera clase”, sino la contradicción entre sus declaraciones públicas y sus actos. Noroña ha sido una de las voces más fervientes de la autoproclamada Cuarta Transformación, un movimiento que nació, entre otras cosas, como respuesta a la percepción de una clase política privilegiada y alejada de las preocupaciones de la mayoría de los mexicanos. Cuando un representante de ese proyecto político adopta prácticas asociadas con privilegios de élite, golpea la credibilidad del discurso.

Esta no es la primera vez que Noroña se ve envuelto en polémicas por experiencias “de lujo”, y su respuesta ante cada señalamiento tiende a descalificar a quien critica, en lugar de ofrecer transparencia y argumentos. Esa reacción choca con los llamados públicos de la presidenta de México y de la dirigencia de Morena a ejercer el poder con humildad y austeridad, aunque no ha habido consecuencias para el legislador por parte de su partido ni de su bancada.

Más allá de tecnicismos sobre clases de avión, lo que está en discusión es la coherencia de un senador que predica austeridad, pero viaja con comodidades inaccesibles para la mayoría de ciudadanos.