El ataque de Estados Unidos a Venezuela y la abducción de Nicolás Maduro colocan a México —y al resto de América Latina— contra las cuerdas. El mensaje implícito es inquietante: si un gobierno se sale de la línea que Washington considera aceptable en la gestión de sus asuntos internos, Estados Unidos podría intervenir directamente para proteger sus intereses.
Aunque la idea de una acción similar contra la presidenta Claudia Sheinbaum parece lejana, el riesgo no es inexistente en otros frentes. Estados Unidos podría tomarse la libertad de incursionar militar o policialmente en territorio mexicano con el argumento de combatir al crimen organizado. Ya existe la sospecha fundada de que agentes estadounidenses pudieron haber participado en la captura y traslado de Ismael “El Mayo” Zambada desde México a Texas.
Es previsible que Washington aproveche esta amenaza para ejercer mayor presión sobre México en tres áreas clave: migración, comercio y seguridad. En migración, México probablemente endurezca aún más el control en su frontera sur para frenar el tránsito de personas que atraviesan el país para llegar a Estados Unidos. En su frontera norte también podría implementar mayores restricciones de tránsito, aunque esto afectaría a migrantes mexicanos y no sólo extranjeros. En comercio, vendrán nuevas exigencias, particularmente en estos meses previos a la revisión del T-MEC. Para prepararse, será crucial una estrategia conjunta entre el gobierno y la iniciativa privada. En ese sentido, se abre una coyuntura que podría mejorar la interlocución entre el gobierno y los grupos empresariales. En seguridad, México buscará cooperar lo suficiente para calmar a Washington, pero intentando marcar líneas claras sobre lo que no es aceptable en términos de soberanía.
Este contexto también abre una oportunidad de volver a poner a las relaciones exteriores en el centro de la agenda, que, aparte de la relación con EUA, han estado relegadas a un segundo plano en las últimas décadas. Con el propósito de defender su soberanía y el derecho internacional, México podría buscar un acercamiento con el resto de países latinoamericanos, quienes serían sus aliados naturales en este cometido. Incluso podría acercarse a potencias medias, especialmente europeas, que también temen la expansión e injerencia de las potencias militares. El pronunciamiento conjunto con Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y España contra la intervención en Venezuela podría ser un primer paso en esa dirección.