La consulta de revocación de mandato en Oaxaca del pasado 25 de enero de 2026, la primera a nivel estatal, pretendía ser un ejercicio de democracia participativa para decidir si el gobernador Salomón Jara Cruz continuaba en el cargo. Alrededor de 857 mil personas acudieron a votar: del total de votos, alrededor del 58% apoyó la continuidad de Jara y cerca del 39% votó por revocar su mandato. Sin embargo, la participación fue de aproximadamente 29.9% del padrón, por debajo del 40% requerido para que el resultado tenga efectos vinculantes, según la legislación local.
Más allá de cifras, este ejercicio abre una ventana para observar el estado de la política en Oaxaca y en México. Como denunciaron en un comunicado una veintena de organizaciones sociales, más que un ejercicio producto de una exigencia popular de revocación, se trató de una estrategia de promoción del gobernador Jara. Según se denuncia, fueron él y su partido quienes impulsaron el ejercicio y usaron los programas sociales para coaccionar el voto.
Todo el proceso de revocación en Oaxaca es un claro ejemplo del estilo populista cada vez más consolidado en la política mexicana, el cual requiere de demostraciones constantes de respaldo al régimen. Dichas demostraciones se pueden dar de diversas maneras, con consultas oficiales, como en este fin de semana, o con mítines y actos masivos como los que organizan Morena y el gobierno federal para celebrar los aniversarios de sus triunfos electorales.
El ejercicio también expuso fracturas dentro de la coalición gobernante. El Partido del Trabajo, aliado de Morena, fue uno de los actores más activos promoviendo la opción de remover a Jara del puesto y denunciando irregularidades. Esto refleja tensiones que no son solo locales, sino también un eco de los desacuerdos nacionales entre Morena y el PT, especialmente ante la reforma electoral, que amenaza los números de PT y el Partido Verde en el Congreso ante la posible eliminación de los plurinominales y una potencial disminución de su presupuesto.
Contrario a lo que se pregona al defender la figura de la revocación, se confirma que la 4T no busca con este mecanismo fortalecer la democracia, sino aceitar la maquinaria del populismo y la lealtad de sus seguidores.